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La Paz, ventana a la naturaleza desconocida del Pacífico mexicano

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EFE

La Paz, capital del estado mexicano de Baja California Sur, ofrece la posibilidad de hacer un tipo de turismo en contacto directo con la naturaleza de una de las zonas más bellas y desconocidas del litoral del Pacífico mexicano.

El 3 de mayo de 1535, el conquistador español Hernán Cortés navegó por el golfo al que bautizó como Mar de Cortés y desembarcó en la Bahía de La Paz, hoy capital de Baja California Sur, a la que nombró “Puerto y Valle de la Santa Cruz”.

Aun cuando no fue el primer europeo en pisar tierras surcalifornianas, Cortés es considerado como su “descubridor” y su llegada al lugar como fecha de la fundación de La Paz.

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En las expediciones promovidas por Cortés en el Océano Pacífico surgió la leyenda de una supuesta isla habitada solo por mujeres y llena de riquezas que empujó más el numero de exploradores por estas tierras.

Los exploradores no hallaron esa isla de mujeres mitológicas, pero sí se deleitaron con la misma flora que pervive hasta hoy y que, entre riscos de un agreste paisaje, constituye uno de los atractivos de una zona que ha puesto en marcha una campaña de promoción para atraer un turismo diferente en contraste con Cabo San Lucas, en el mismo estado, uno de los destinos mas lujosos del país.

La playas vírgenes se suceden a lo largo de la costa del Mar de Cortés. La única forma de visitarlas es con lanchas rápidas que manejan con pericia los lugareños, que se encargan de todo el servicio en tierra -comida, pescado fresco, bebidas- en medio de una pasmosa tranquilidad.

Bajo estricto control ecológico resulta obligado recoger todo lo que pueda contaminar su pureza y está prohibido dejar el mínimo rastro del paso humano por sus arenas blancas.

La Paz no parece una ciudad de más de 200.000 habitantes sino más bien un pueblo grande y amable donde la vida cotidiana se desarrolla a ritmo lento. Cuando baja el sol, el malecón se llena de familias de paseo mientras las terrazas de sus restaurantes, con vista al mar, atraen como imán por el aroma de pescado y marisco fresco.

La actividad pesquera de la zona constituye uno de sus mayores atractivos con una amplia gama de suculentos manjares: langosta, lenguado, callos, camarones y almejas preparadas en varias formas.

El cebiche, las mariscadas y los cortes de carne roja complementan los menús, que incluyen también platos tradicionales como la machaca de carne de res y de postre los dulces como los ates de guayaba, mango y pitahaya.

La Isla Espíritu Santo, junto a la Isla Partida, en la Bahía de Magdalena, designada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, acoge la colonia de lobos marinos más grande de México.

Los aficionados al esnórquel pueden juguetear con lobos marinos bajo la atenta supervisión de sus madres mientras aprenden a vivir en el océano y a convivir con los humanos. Eso sí, hay que evitar acercarse a los machos porque defienden con celo su territorio y su harén.

El oceanógrafo francés Jacques Cousteau bautizó a esta zona como “El Acuario del Mundo”, ya que se han catalogado más de mil especies vegetales y animales, 64 de las cuales cuentan con algún grado de protección oficial. Las islas albergan 11 especies que solo existen en ese lugar.

Dentro de la ciudad, además del malecón merece una visita la Catedral de Nuestra Señora del Pilar de La Paz, construida hace cuatro siglos, lo que la convierte en uno de los templos más antiguos de México.

Otra de las visitas obligadas es el Museo de la Ballena para una inmersión en la vida de este gran cetáceo que surca las costas bajacalifornianas en uno de los grandes espectáculos anuales que atrae a cientos de miles de turistas.

Junto al recorrido por la singular naturaleza del sur de la Península de Baja California resulta también obligada una visita al pueblo de Todos los Santos, en la costa del Pacífico, muy popular entre los artistas y donde se encuentra el mítico Hotel California.

La famosa canción del mismo nombre del conjunto “The Eagles” dio lugar en los años setenta a la leyenda urbana que ha subsistido hasta hoy sobre el hotel como centro de inspiración para el compositor, que relata un mundo de hippies y drogas.

Constituye el contraste equilibrado entre la espléndida naturaleza de la península y las nuevas leyendas urbanas de los afamados artistas de Hollywood que descubrieron en los años sesenta esta zona como su refugio perfecto para el descanso y la inspiración.

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