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Una entrevista con la saxofonista y artivista María Elena Ríos: ‘El Estado ha sido mi agresor’

María Elena Ríos sostiene su saxofón
María Elena Ríos sostiene su saxofón al final de un ensayo en el departamento de música de la Universidad Nacional Autónoma de México en la Ciudad de México el 14 de febrero.
(Ginnette Riquelme / AP)
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Hablamos con claridad, porque hay lenguaje, porque hay saliva, porque el lenguaje es medicina, porque es medicina fuerte; saliva limpia, luz que vive…”, dijo María Sabina, Sacerdotisa de los Hongos Mágicos, y eso es precisamente lo que hace la música que emana del saxofón de María Elena Ríos (Santo Domingo Tonalá, Oaxaca, 1992), con su discurso de energía vital, amor profundo y poder femenino.

María Elena Ríos es una saxofonista de origen mixteco, comunicadora y artivista en contra de la violencia a las mujeres. Malena es sobreviviente de feminicidio en grado de tentativa, al sufrir un ataque con ácido por parte del empresario y ex legislador del Partido Revolución Institucional (PRI), Juan Vera Carrizal.

Malena Ríos, encuentra fuerza y alivio en la imagen de la guerrera mixteca Seis Mono “Blusa de Guerra”, la primera mujer gobernante de América, quien inició una feroz campaña de lucha, y en tan sólo dos días conquistó el “Monte de la Luna” y del “Insecto”, tomando como prisioneros a todos aquellos que le expelieron mal augurio.

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Vi por primera vez a María Elena Ríos en el Festival Iberoamericano de Cultura Musical Vive Latino, en marzo de 2022, (Ver minuto 41:14) al lado de la legendaria banda La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio.

María Elena vestía un atuendo verde, justo como el ácido que habían rociado sobre su cuerpo. Esa noche iba a renacer de entre las cenizas; era la primera de muchas veladas frente al público, acompañando a grandes artistas, como ella. Y yo, que había escuchado más de veinte veces en vivo la melodía de “Kumbala”, interpretada por Sax (Eulalio Cervantes) y su saxofón alto que tanto echamos de menos, al percibir la dulce e impecable interpretación de Malena, solté a llorar.

Una de las presentaciones más icónicas, emotivas y memorables dentro del Vive latino 2022, fue tu colaboración con La Maldita Vecindad y los hijos del Quinto Patio, en la que se te invitó al escenario para interpretar el tema “Chacahua”, y que en palabras de Rolando “Roco”, personificaste a “la fuerza del poder femenino, la fuerza de la ternura, y la búsqueda de la justicia”, en un homenaje también a Eulalio Cervantes “Sax”, quien falleció en 2021. ¿Qué simbolizó para ti este concierto y la imagen de “Sax”, en tu carrera profesional?

Yo nunca había ido a un Vive Latino, porque siempre fui la joven que estudiaba comunicación y música; no tenía tiempo para andar en festivales, quería estar solamente dedicada a la escuela de comunicación, en la UAP de Puebla. Entonces me dice Pato (Enrique Montes) de Maldita Vecindad y los Hijos del 5.º Patio, que me prepare y yo no lo creía, porque aún estábamos en semáforo rojo, pero a principios de febrero ya estaba todo listo, me dijo: “te pones lista porque iniciando marzo vamos a tener tres ensayos, y vas a tocar estas canciones”. En verdad que yo no creía nada; todavía era muy inestable el procedimiento que se le estaba dando a la pandemia, sobre todo en eventos masivos. Me parecía inverosímil, sino hasta una semana antes, cuando me dieron las fechas exactas para los ensayos, porque el festival ya estaba confirmado.

A mí me daba pena, tenía mucha timidez; me sentía mal porque Sax ya no estaba en la banda, ya no está más con nosotros. Cuando era pequeña imaginaba –como muchos saxofonistas– que tocaba “Kumbala”. Estar en su lugar, con “La Maldita”, en ese espacio tan imponente, no lo asimilaba; tenía miedo, porque pensé que la gente ama –y amamos a Sax–, pero él ya no está. Pensaba: –Y qué tal si dicen “¡no!”, ella toca muy feo, por qué la meten en lugar de Sax; me esperaba malas expresiones, la verdad, porque su imagen para mí pesa mucho. Cuando empecé a preguntarme acerca del vestuario que iba a usar, pensé en lo siguiente: “si me quisieron matar con ácido, tengo que encontrar un matiz ácido”.

Pareciera que ese vestido me estaba esperando, porque era el único en talla chica, ‘verde ácido’. Necesitaba un vestido de manga larga, porque aún me daba pena ver mis brazos. Yo quiero que vean cómo toco el saxofón, no que vean mis brazos y mis cicatrices. Cuando llegué a la tienda y me percaté de que era el único vestido verde en esa talla, cavilé que esa prenda me estaba esperando. Ya después me estaba riendo, le dije a Pato que ojalá no me fueran a confundir con los chicos de seguridad, porque usaban esos chalecos amarillos o verdes.

Cuando me subí al escenario, yo estaba en shock, súper nerviosa. Recuerdo pensar que, si se llena, no sé qué iba a hacer enfrente de tanta gente. ¿Y si me equivoco? ¿Y si me caigo?

Incluso le pregunté a Pato si el evento se iba a llenar, a lo que me contestó: “¿tú qué crees?: somos los estelares”. Y yo cada vez me ponía más nerviosa. Lo que me volvió a reincorporar es ese ritual que tiene La Maldita Vecindad antes de subir al escenario, con salvia blanca, decretos y oraciones en Náhuatl; un ritual en donde enlazamos nuestras manos y hacemos un espiral con ellas, para poder disfrutar y realizar esa comunión con todas las energías que van a estar presentes en ese momento.

Cuando terminamos el rito, los nervios se esfumaron por completo. Eso fue lo que me sucedió, y salí como como si fuera una profesional en los escenarios masivos; resurgí bailando, disfrutando del momento. Inclusive tuve las ganas de aventarme al público, porque estaba completamente segura que si lo hacía, me iban a tomar entre sus brazos, pero no me atrevía, por eso caminaba de extremo a extremo del escenario, tocando mis notas; recuerdo que una amiga –Christian Jiménez, quien fuera la primera periodista que hizo publicó mi caso en el periódico El Universal, y que gracias a ella soy conocida en los medios de comunicación– me dijo: “Male, te veo y literal eres un chapulín” (por mis raíces oaxaqueñas). Eso fue lo que pasó en el Vive Latino 2022.


Me habían ocurrido cosas similares con anterioridad; recuerdo mucho estar ingresada en el hospital de la Ciudad de México, en una habitación especialmente para mí, en la que tenía una pantalla. Justo en ese diciembre del año 2019, se transmitía constantemente el anuncio “Vivir es increíble”, de una aseguradora financiera. La narrativa del comercial recaía en una joven española que manejando en su automóvil, emprende un viaje en carretera, y llega a una fiesta donde ya la esperan sus amigos. Todo el mundo se la pasa ficcionalmente bien. Al final del comercial, la chica pronuncia el título o el slogan de la aseguradora: “Vivir es increíble”. Cuando yo veía constantemente esos mensajes o sincronicidades –porque eran muy constantes– yo decía: en el pasado solía ser así de guapa. Tengo que volver a ser así de segura; yo no sé cómo le voy a hacer, pero tengo que retornar a esa vida en donde convivía con mis amigos y mis amigas; bailaba y me divertía; todo el tiempo me estaba riendo. Y justo cuando salí del Vive Latino, todo era muy evidente; me encontraba muy cansada, recuerdo que íbamos platicando, avanzábamos muy despacio hacia la puerta de salida –porque estaban saliendo los últimos automóviles– y de pronto veo unos espectaculares de los patrocinadores del festival, que decían: “Vivir es increíble”, y es cuando me vuelve a hacer otro “clic”. De ahí en adelante han pasado una serie de coincidencias, siento que poco a poco van marcando la pauta en el camino, para que sucedan las cosas, y sucedan bien.

María Elena Ríos
María Elena Ríos, superviviente de un ataque con ácido, en el Monumento a las Mujeres en Lucha de Ciudad de México el 4 de febrero.
(Ginnette Riquelme / AP)

Creo que es muy importante para poder transitar en un camino tan oscuro, tan contra la corriente, contra un sistema, un monstruo –porque este sistema, este Estado es un monstruo que te puede absorber en cualquier momento– no odiar. Hasta la fecha no odio a Juan Antonio Vera Carrizal, lo entendí al tercer día, cuando estaba menos drogada de tanto medicamento. Recuerdo que cuando mi papá le preguntó al cirujano –con tanta ingenuidad, inclusive, y desesperación–: “¿doctor, en cuánto tiempo se va a curar mi hija?”. Y escucho que le contestó: “esas quemaduras tardan entre quince y veinte días en sanar”. Eso era completamente falso, porque yo lo único que me podía ver eran los brazos, y mis brazos estaban negros, como como cuando un cuerpo está en estado de putrefacción. Así quedas cuando te queman. Yo volteó a ver mis brazos, y digo: “esto no se cura en veinte días”. En ese momento le pedí al Universo, a Dios, que no me permitiera odiar; porque para odiar necesito mucha energía, y yo prefiero usar esa energía para sanar mi cuerpo, sanar mi espíritu.

De la misma manera, fuiste invitada de honor en el más reciente concierto de Alejandro Sanz en el Auditorio nacional de la Ciudad de México, en donde interpretaron canciones como “Cuando nadie me ve” y “Amiga mía”, una colaboración que según el cantante español, les permitió “alzar la voz en contra del sistema judicial mexicano”. Háblame acerca de la “Ley Malena”, una nueva iniciativa que propone cambiar la ley para que se persiga la “violencia ácida”, ya que, hasta ahora en México, el código penal contempla estas agresiones como un delito de lesiones, y no como un intento de feminicidio.

Cada vez surgían más mujeres que han sido víctimas del mismo ataque, y que no pudieron denunciar porque tenían miedo. Me di cuenta que no éramos casos aislados. Tan sólo el año pasado, la Secretaría de Gobernación detectó 222 amenazas con agentes químicos hacia la mujer, y 47 fueron llevadas a cabo. No todas llevan un proceso legal, por lo mismo que es muy cansado y frustrante. Cada que tomaba el uso de la palabra en los medios de comunicación, reiteraba en que si me estaba escuchando una legisladora o un legislador, por favor se tomara el tiempo para sentarse a platicar con las víctimas, que dejen de tomar decisiones solamente en pos de su privilegio, porque ser legislador conlleva demasiadas inmunidades.

Siento que no te permiten ver las realidades que están afuera, realidades que viven más del 80% de las mexicanas y los mexicanos, que somos racializados, que no somos blancos –ni blanqueados–. En el mes de agosto, me contactó una diputada del Partido Acción Nacional (PAN), de nombre Aurora Sierra Rodríguez, del Congreso de la de la ciudad de Puebla – la diputada Sierra solicitó nombrar a las reformas como “Ley Malena”– y me dice: “yo quiero entenderte, quiero saber cómo te puedo ayudar, porque aquí hay varias víctimas y tu caso ha sido muy relevante; creo que has abierto una brecha muy importante y me parece que posees ese aprendizaje, quizás nos podamos apoyar juntas”. Y de pronto empiezo a escuchar comentarios, personas que me decían que la diputada no estaba entendiendo nada acerca de mi caso. Sí, claro, estoy de acuerdo que ninguna persona va a entender lo que significa este proceso, porque necesitan experimentarlo, necesitan quemarte y es lo que menos queremos. Entonces decidí colaborar con ella, pero necesitaba que me entendiera a la perfección. Le dije que yo le podía contar por lo que pasé, pero técnicamente se lo tenía que contar cada especialista que había intervenido en mi proceso: cirujanos dermatólogos, psiquiatras, psicólogos, ministerios públicos, peritos, abogados, legisladores, entre otros.

“Le pedí al Universo, a Dios, que no me permitiera odiar; porque para odiar necesito mucha energía, y yo prefiero usar esa energía para sanar mi cuerpo, sanar mi espíritu”.

— María Elena Ríos

Yo pensé que no lo iba a hacer, hasta que me dio una fecha para comenzar a trabajar, ella ya había reunido a las personas que yo le había mencionado, así fue como comenzamos a diseñar esta iniciativa, que se aprobó el 2 de marzo, y que lamentablemente no se decretó en todas las solicitudes que conllevaba la iniciativa, porque desafortunadamente, los intereses, las vanidades y los egos políticos, siempre te van a llevar la contraria.

Eso no permitió que la “Ley Ácida” en Puebla estuviera completa, se quedó más en un sentido punitivo, es decir, se dejó en claro que se trata de feminicidio; porque antes estaba estipulado por lesiones; también se estableció una pena de 40 años; ya sé que es muy poco, pero si queremos que sean más años, se tiene que reformar en primera instancia el Código Penal, y para reformar el Código Penal conlleva más tiempo. Por lo pronto, ya se logró lo punitivo, lo que yo espero y deseo que suceda, es que se sigan fomentando más iniciativas, contribuyendo en más adhesiones para que esto esté más sólido. Iniciativas para nosotras, porque lo procesos abiertos no nos benefician ni nos perjudican. Esto es para las siguientes mujeres, porque esto es un problema social.

En el mes de octubre del 2022, me contactaron varias víctimas. De igual manera como sucedió en Puebla, la diputada local en el Congreso de la CDMX Marcela Fuentes convocó a un diálogo, y no todas las compañeras decidieron ir. Yo las entiendo, porque ya están cansadas de que las utilicen, y llega un punto en que dejan de creer. Yo sí me entrevisté con Marcela, y le dije que México tiene un problema muy grande: “somos mujeres no lesiones”, le expliqué. Es un intento de feminicidio. Se debe considerar feminicidio y no homicidio; tiene que haber además una transparencia en el sector salud, porque no tenemos una cifra exacta de cuántas mujeres hemos sido víctimas de esto; le comenté que los recintos legislativos no solamente son para para observar y crear leyes, sino que también tienen todo el poder para convocar a comparecer a jueces, magistrados, gobernadores, fiscales, presidentes de tribunales; porque sí se puede, y lo podemos ver cuando ellos hacen los nombramientos y se felicitan entre sí.

Otra de las cosas que estamos estableciendo en esta iniciativa, es la coadyuvancia de las instituciones. Sabemos que desafortunadamente, las fiscalías son disfuncionales en todo el país, no sólo en la CDMX, sin embargo existen comisiones de víctimas, existe un Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de las Familias (DIF), existe una Secretaría de las Mujeres, existe una Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, para proteger a las damnificadas. Pensé que ella sí tenía la capacidad jurídica para poder apoyarlas, con peritos especializados, para que se pueda realizar una buena opinión técnica, y que ésta sea ofrecida como medio de prueba, para que sea valorada y se le pueda garantizar la reparación del daño integral a una víctima, que aunque ya está en el Código Nacional de Procedimientos Penales, a la víctima se le tiene que garantizar la reparación del daño en cualquier etapa del procedimiento. Pero, ¿cómo se les va a garantizar, si no se tiene una buena opinión técnica? Eso es lo que buscamos con la comisión de víctimas.

Yo soy soltera, pero recordemos que más del 95% de estos ataques, provienen de una relación sentimental de las compañeras, que son madres. Es muy difícil decidir entre llevar un proceso legal o recuperarte y trabajar para que coman tus hijos; aquí es donde debe de intervenir el DIF, porque lo que todavía cuesta mucho trabajo entender por parte del Ejecutivo Judicial, es que existen víctimas indirectas, y las víctimas indirectas son el primer círculo social de la víctima inmediata, que es la familia a garantizar el derecho a la salud, por lo menos a la Salud Mental y psiquiátrica o psicológica; todos tenemos derecho a la salud, no porque estemos locos o tengamos problemas. Esa frase de “Derecho a la salud pública” es meramente retórica, institucional, porque si tú ves la realidad, tener acceso a la salud es un privilegio.

Hablamos de hospitales, y con esto hablo del hecho de erogar los gastos médicos de las víctimas, porque, aunque siempre se establecen o se aprueben presupuestos en la legislación para la salud, sabemos que éstos nunca llegan completos, y esto provoca deficiencias. ¿Cuáles son estas deficiencias?: No hay especialistas; no hay camas; no hay medicamentos. De acuerdo a la Ley General de Víctimas de México, nos dice que si el Estado no cumple o no tiene las herramientas adecuadas para salvaguardar tu vida y garantizar tus derechos –el derecho a la salud– tiene toda la obligación de subsanarlo de manera privada, si fuera necesario; y eso es lo más reglamentario que pueda existir, es nuestro derecho, pero nunca nos los enseñaron, porque hay un tribunal en la educación que también se tiene que reformar, porque la educación sigue siendo nacionalista y patriótica, y de nada sirve conmemorar el día de la bandera o de la constitución política si no nos enseñan a darle lectura adecuada a nuestros derechos, sino nos enseñan qué es un Ministerio Público, qué función tiene un magistrado, qué función tiene un gobernador, cómo funcionan los poderes; solamente nos enseñan que el poder ejecutivo legislativo y judicial nos puede aprender, arrestar sin más.

Yo soy músico, me gustan las artes pero también lo legal; no era mi tema, sin embargo, me vi en la necesidad de educarme, porque también tuve una abogada que me vendía con el Estado, que atrasaba mi proceso, que no avanzaba en mi carpeta de investigación. Aunque actualmente yo confío ciegamente en mi abogada, tengo esa necesidad de entender qué está pasando en esa audiencia, qué significa ese concepto, que quizás en términos coloquiales yo lo entienda de una manera, pero que en términos jurídicos es otra cosa.

No se nos garantiza la salud, pero el Estado está obligado a través de una Ley General de Víctimas a proteger a las mujeres, aunque sean tratamientos costosos. Estamos hablando de cirugías que no son meramente estéticas, son cirugías reconstructivas; estamos hablando de dermatología; no existe una reparación del daño garantizada a las víctimas. Todo esto tiene que mejorar, regenerar la calidad de nuestra piel, para vernos mejor, porque esto nos hace sentirnos seguras. Te pueden hacer la mejor cirugía, pero si tu cuerpo rechaza los injertos de piel, tienes que volver a empezar; eso me pasó tres veces. Todo esto se va englobando, direccionándose hacia una perspectiva de género.

En el mes de marzo se establecieron en la CDMX diversos foros y buzones que estuvieron permanentes durante todo el mes; casillas para proponer iniciativas, porque creo que las iniciativas no tienen que dejarse totalmente a la responsabilidad del legislador o la legisladora, las iniciativas las hacemos nosotras y nosotros; debemos entender que la política pública se hace desde aquí afuera, la política nace afuera. No necesitas tener un espacio, un recinto legislativo, porque tú haces política con tu voz, con tu participación, y por esa razón vamos a ser honestos socialmente.

Son momentos de mucha empatía, por eso es que es necesario que tú hagas una pequeña sugerencia, una aportación, porque eso hace una iniciativa mucho más completa, participativa y por tanto “comunitaria”. Es un término que usamos mucho en Oaxaca, la comunidad es esa comunión que existe entre las personas para estar unidas, y las iniciativas tienen que ser comunitarias. ¿Por qué hacemos esto?, porque muchas mujeres tenemos en común los ataques con ácido.

Ese es otro tema, el de los agentes químicos usados para procesos totalmente diferentes. Hay distintos tipos de ácido, nuestra proporción con los agresores es totalmente diferente de un caso a otro. Esta iniciativa es para que no solamente se protejan a las mujeres, y a las mujeres trans que han sido víctimas de ataques con algún tipo de ácido, sino con todo agente químico que pueda quemar, ya sea gasolina, alcohol, diésel, agua hirviendo, aceite caliente, sosa cáustica; inclusive desde el Estado de México, he recibido varios mensajes de que a las mujeres las queman con cables de alta tensión, yo no sé cómo lo hacen. Es tanto el miedo que las chicas borran los mensajes, y luego me los vuelven a enviar, y así sucesivamente. Te imaginas el miedo que tiene la persona que me está mandando ese texto.

Además de que esta ley debe contemplar y garantizar una reparación del daño integral, una sentencia condenatoria ejemplar, medidas de protección, de no repetición y satisfacción (reconocer y establecer la dignidad de las víctimas), ¿de qué manera el gobierno de México le puede hacer justicia a Malena Ríos?

Es una pregunta muy compleja, pero creo que muy sencilla: el gobierno de México no me hará justicia directamente, si es que tiene posición; porque a mí ya me violentaron de todas las maneras posibles. El Estado ha sido el propio perpetrador de violencia hacia mí, al proteger a mi agresor y al obstaculizarme el acceso a la justicia. Creo que si hay disposición por parte de ellos, de darle el cumplimiento adecuado a las políticas públicas que estamos generando nosotras, es cuando se va a empezar a ejercer la justicia, porque yo, como sea, estoy viva de alguna manera; tengo cicatrices, estoy reconstruyéndome, me encuentro en proceso de reconstrucción, y aún así la disculpas públicas, los perdones, la solidaridad verbal, no me van a devolver la vida que tuve, y no me van a devolver mi piel, no van a borrar el dolor de mis padres. La única manera en cómo ellos me pueden comenzar a hacer justicia, es acatando las leyes que nosotras, las mujeres, estamos creando también.

Sería muy limitado de mi parte pensar que la justicia es solamente ver a mi agresor tras las rejas. Las iniciativas van a suceder y esto va a ser nacional, esto lo va a ocupar el país completo. México tiene que llevar esta penalización a este tipo de agresiones, tanto en los congresos locales como en el congreso Federal. Yo no sé cuánto me voy a tardar, pero prometo que esto va a suceder.

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